Dejé de ser yo, para que Dios fuera Dios.

Por: Roshan Rodríguez

Era mesera de un restaurante, y un día estaba pasando por esas interrogativas de que iba a pasar con mi vida. Mientras cortaba unos limones para hacer una limonada, pude sentir como Dios hablo a mi corazón y me dice: “recuerda lo que yo he hablado de ti”. En ese instante yo solté el cuchillo y comencé a llorar de felicidad. Sí, Dios me habló mientras cortaba limones y puedo jurar que fue la mejor limonada que había hecho. Han pasado los meses y tengo otro empleo, donde a la fuerza he tenido que madurar y tomar carácter, es un trabajo de más responsabilidad, y donde mi carácter se colgó en el examen muchas veces. Muchas cosas pasaron en mi trabajo, vivía un “rollercoster” de emociones, no podía dejar de llorar por las frustraciones y muchas veces pensaba que mi familia se avergonzaba de quien era yo. Me había olvidado de lo que Él había hablado de mí. Había logrado tantas cosas en esta vida y aún no me sentía complacida con lo que tenía. Una de esas noches que lloraba lo único que oraba era “Papá ayúdame”.  

Al día siguiente leí una publicación de alguien a quien admiro, esa persona declaraba que Dios había escuchado mi oración y que me iba a sorprender porque una bendición venía de camino. Ese mismo día por la tarde decido salir de mi casa para no pensar y mientras regresaba a casa, mi jefa me llama y me pide que por favor fuera al trabajo a verla porque quería conversar conmigo. Yo con mis miles de frustraciones decido ir, me siento en la oficina y mi jefa me pregunta: “¿qué tienes en tu mente?”, saqué mi lado honesto y le dije todo lo que sentía. Ella tomó un momento y me dice: “dame un segundo y lee esto”, tomé el papel y comencé a leer. Esa carta expresaba la felicidad que sentían de todo mi trabajo, al final de esta carta me ofrecieron promoverme de puesto. Leí la carta más de cinco veces y más de cinco veces recordaba que mi Papá había escuchado mi oración y que sus planes son mejores que los míos.

Aún no estoy en donde quiero estar, pero estoy en un lugar que me está haciendo crecer. Estoy en un buen lugar, donde poco a poco voy amando lo que hago y amando a mis compañeros. 

¿A dónde quiero llevarte?

  • Los planes de Dios siempre son perfectos, son mejores que los nuestros. Yo estaba luchando por obtener algo que me estaba llevando a verme como menos. Por eso dejé de ser yo para que Dios fuera Dios. Lee Jeremías 29:11
  • Yo olvidé lo que Dios había hablado de mí; lo que había puesto en mí. Pero reflexionando ahora, Dios puso en mí una luz que es necesaria en el lugar que estoy. Como Ester, ella era necesaria en el reino. Tú también lo eres en el lugar que estás. Lee Ester 4:14. Tu identidad es ser hijo/a de Dios, te escogió a ti, un ser de luz. Lee 1 Tesalonicenses 5:5.
  • Nuestro trabajo es creer. ¿Sabías que nosotros hacemos el trabajo fácil y Dios se encarga de lo difícil? Nuestro único trabajo es creerle a Él, depender de Él. Lee Lucas 1:45.
  • Y no menos importante, Él siempre está ahí. 

Aún me falta mucho por aprender y crecer. Debo aprender a depender de Él. Te cuento esto desde la perspectiva de no tener nada realizado, porque te hablo de mi realidad, de que soy una joven con obstáculos. Ahora mismo puedo estar quejándome porque no obtuve lo que quise, pero no, dejé de ser yo y permití que Dios fuera Dios, y Él es perfecto. Solo confía. 

Gracias Roshan por compartir tu experiencia con Myrtlewords e invitarnos a confiar y depender de Dios aún en lo más mínimo. Sigue adelante y continuaremos viendo tu crecimiento.